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Mambo
Derivado de una estrofa rítmica del
danzón cubano, el mambo apareció por primera
vez en 1938 en un danzón titulado Mambo de Orestes
López. Al igual que otros bailes caribeños,
la forma de bailar el mambo deriva del son. Pérez
Prado reelaboró la estructura musical con arreglos
inspirados en los de las orquestas de jazz, introduciendo
trompetas y saxos con la percusión cubana y creando
este nuevo ritmo, cuyo más grande éxito fue
"Qué rico el mambo".
El mambo es uno de los más rápidos de los bailes
tropicales, y tiene una característica común
con el bolero: en ambos el
movimiento comienza en el segundo tiempo de la música,
lo que les hace más sensuales, a lo que hay que añadir
el característico movimiento de caderas de los bailes
caribeños. Al pasar el mambo original a las generaciones
siguientes, éstas generalmente tomaron un camino más
fácil, empezando a moverse en el primer acento y no
en el segundo. Por ello, actualmente son muchos los que bailan
el mambo dando tres pasos en los tres primeros tiempos y una
pausa en el cuarto tiempo. Al igual que en los restantes bailes
tropicales, el
mambo se puede bailar con los cuerpos juntos, aunque es
más común que los que bailan el mambo, por su
dinámica y la dificultad de algunas figuras, lo hagan
separados. El mambo suele ser un baile muy vivo y con numerosos
giros, pero sin avanzar mucho sobre la pista.
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